Cómo introducir a un perro nuevo a su gato residente

Tu gato notará al nuevo perro antes de que organices un encuentro. Nuevos olores llegan al pasillo, las rutinas cambian y el perro puede estar ansioso por investigar. Ve más despacio con el proceso para que ambos animales puedan comer, descansar y moverse sin sentirse perseguidos.

Dale a tu gato el control del espacio

Elige una habitación o una zona con barrera de la casa a la que el perro no pueda acceder. Coloca dentro la comida, el agua, el arenero, la cama y la zona de rascado del gato. Las habitaciones compartidas también necesitan una superficie elevada y una ruta despejada de regreso a este espacio seguro.

Mantén a las mascotas separadas mientras el perro se adapta. Esto protege la rutina del gato y evita que el perro aprenda que perseguirlo es parte de la vida en el nuevo hogar. Llevar al gato en brazos hacia el perro le quita al gato la capacidad de elegir y puede convertir un encuentro en un evento aterrador.

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Deja que el olor haga el primer trabajo

Toma dos paños limpios y frota uno en cada mascota. Coloca el paño del gato cerca del perro y el paño del perro cerca del gato, lo suficientemente lejos como para que ninguna de las mascotas tenga que acercarse a él.

El gato puede explorar una habitación que el perro haya usado mientras el perro pasa tiempo en otro lugar. Repite estos intercambios hasta que cada animal pueda percibir el olor y retomar su actividad normal. No sirve de nada apresurar el contacto visual mientras alguna de las mascotas evite el olor o se obsesione con él.

Prepara un primer contacto visual tranquilo

Ejercita al perro antes del encuentro, luego usa una correa y una barrera segura si la distribución de tu casa lo permite. El gato debe tener la libertad de irse o subir a un lugar elevado. Mantén al perro lo suficientemente lejos como para que responda a tus indicaciones.

Los premios de comida pueden reforzar el apartar la mirada del gato, una postura relajada o la respuesta a una orden conocida. Una embestida, un ladrido o una mirada fija significan que el perro necesita más distancia. Un gato que se agacha, se esconde o intenta huir necesita el mismo descanso. Termina ahí, separa a las mascotas y vuelve al trabajo con los olores. El castigo puede añadir más estrés a una situación ya tensa.

Amplía el tiempo compartido con cuidado

Realiza varios encuentros breves antes de aflojar la correa o quitar la barrera. Asegúrate de que el perro sea capaz de desviar la atención cuando se le indique y de que el gato pueda cruzar la habitación sin que el perro lo siga. Mantén la comida y el arenero del gato fuera del alcance del perro, incluso después de que ambas mascotas parezcan cómodas.

Permanece en la habitación durante el tiempo compartido hasta que confíes en ambos animales respecto a sus movimientos, comida y lugares de descanso. Sepáralos si comienzan las persecuciones, los acorralamientos o la protección de recursos. Un veterinario o un etólogo clínico cualificado puede ayudar si la tensión continúa o si alguna de las mascotas corre riesgo de sufrir lesiones.